Lutero prendió la protesta con un panfleto clavado en la en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg. La revolución americana fundamenta su orgullo y su
existencia en una carta firmada por los representantes de las trece colonias. La revolución de Octubre y el movimiento obrero reconocen en las obras de Marx y
Engels su inspiración y su doctrina. No me extrañaría mucho que las revoluciones venideras empiecen esta vez con un simple gesto mudo muy al margen de la
palabra porque esta, hay que admitirlo, ha fracasado. Exhausta de conmover conciencias y guiar masas de un lado a otro, se ha retirado al terreno de la contemplación,
la autocontemplación, en la que solo sirve para que el sujeto se manifieste en soliloquios inútiles como sin duda este mismo lo es. De la palabra no nos cabe esperar
ya nada más. Y sin embargo, aun no tenemos más remedio que usarla incluso a sabiendas que ya no es sino un acto privado exento de cualquier consecuencia
práctica. Los Tratados yacen convertidos en simples Diarios destinados a cualquier desván propicio. Ha llegado la era de los actos y habrá que acostumbrarse a sus nuevas normas.
Yo ya he empezado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario