martes, 15 de marzo de 2011

La verdad en ruinas

El lo sabía bien: no hay peor condena que conocer la verdad y no poder compartirla con nadie, absolutamente con nadie más. Esa fue la condena que Apolo
impuso a Casandra cuando ésta
osó romper su pacto de amor una vez conseguido el don de la profecía. Desde entonces ha pasado mucho tiempo y hemos aprendido que la verdad no triunfa por
sí sola, que no consiste en la simple correspondencia con los hechos. La verdad es ante todo un acto en el que alguien es creido por otro. Para ser creido se necesitan
una serie de requisitos que muy bien pueden estar ausentes, no importa lo que se diga. La verdad fracasa cada vez que aquel que la posee carece de los atributos
para comunicarla, algo cada vez más frecuente en nuestra época, de hecho, algo que podría convertirse en la norma. Y la cuestión es: ¿qué nos cabe esperar si
finalmente alcanzamos tan lamentable estado?

3 comentarios:

  1. Este fragmento es particularmente inquietante si se tiene en cuenta que la formación original de Baumann es científica, matemática, para ser más precisos.Desde luego no es lo que cabría esperar de alguien educado en el rigor de las ciencias exactas.

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  2. Sobre esta fascinante tesis de Baumann: puedo entender que "la verdad" (con muchas comillas) necesite de la creencia del otro, ya no para no fracasar, sino para acontecer. Pero ¿cómo puede entonces poseerse?

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  3. Es cierto. Existe una clara ambigüedad en esa forma de hablar. En el desarrollo de esta idea, Baumann reconoce la necesidad de referirse a un sentido interno de la verdad, una especie de certeza que no define con mucho detalle, y la verdad exterior entendida como el reconocimiento público de la creencia del otro. Yo entiendo que su mensaje apunta a la tensión entre estos dos sentidos de la verdad.

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